domingo, 26 de octubre de 2008

ENIGMA 17. Con gansos a la Luna



En la catedral de Hereford (Inglaterra) se conserva un mapamundi de 1290 (ver imagen) en el que aparecen reflejadas las Islas Canarias e incluso la mítica San Borondón. Ya en el siglo XVII llegó a ser obispo de esa catedral nuestro misterioso personaje, que más tarde sería considerado como el precursor de la novela de ciencia ficción con una obra muy famosa en su tiempo, en la que por primera vez se planteaba un viaje a la Luna. Lo curioso del caso es que la ascensión a ese astro la realizó el protagonista de la novela ¡en una nave tirada por gansos!, y el lugar de partida fue precisamente las Islas Canarias, concretamente desde el Teide. Quién sabe, tal vez se inspirara en aquel mapamundi de su iglesia porque, que sepamos, dicho obispo novelista nunca visitó Canarias. He aquí un fragmento de esta antigua novela:



El jueves 21 de junio, en el año 1599, nos hicimos a la vela rumbo a España, habiéndoseme concedido un camarote muy conveniente para mis Aves, y almacenaje para mi Máquina, la cual el capitán hubiese deseado que dejara detrás de mí, y es maravilla que lo hiciera, si no fuera por mi buena fortuna que por tanto me salvó la vida, y me dio lo que estimo más que un centenar de vidas, si las tuviera: porque así ocurrió que, después de dos meses de navegación, nos encontramos con una flota de los ingleses, a unas diez leguas de la Isla de Tenerik, una de las Canarias, que es famosa en el mundo entero por un Monte llamado el Pico, que puede ser divisado y observado desde el mar a no menos de 100 leguas de distancia.



¿Cuál es el nombre de ese obispo novelista? ¿Qué novela ambientó en Canarias?

lunes, 22 de septiembre de 2008

ENIGMA 16. Siete pistas en el equinoccio de otoño


Esta noche es el equinoccio de otoño. Para celebrar este señalado momento, qué mejor que resolver un acertijo que tiene que ver con los viajes, las migraciones, el sentido de la orientación por el mundo, los océanos, el tiempo, etc.
En esta ocasión hay que descubrir un fragmento de novela escrito por uno de los más importantes autores del mundo, y que se refiere a las Islas Canarias, a las que menciona por uno de sus nombres míticos.
Para encontrar este fragmento voy a dar siete pistas muy precisas … aunque una de ellas es falsa:


1. El texto tiene 166 palabras.
2. Pertenece a una novela escrita por un premio Nobel.
3. La novela se publicó por primera vez en 1967.
4. Su autor pilota aviones de guerra.
5. El primer libro que leyó fue Las Mil y Una Noches, gracias a sus estudios en una escuela Motessori.
6. Le cogió el gusto al Quijote al leerlo en el inodoro, «mientras cumplía con sus deberes cotidianos».
7. Fue amigo del Che.

sábado, 9 de agosto de 2008

Apagón en la noche de San Lorenzo

Esta noche hay apagón. Y no suele ser algo habitual. No por lo menos como lo era antes, en mi niñez, cuando siempre había que tener a mano velas y fósforos, que había que buscar a tientas en el cuartito de los trastos, porque la luz brillaba por su ausencia en aquellos días de invierno.
De aquel tiempo rescaté un viejo candil de latón, que puse a punto no tanto para usarlo en caso de necesidad, sino porque me parecía un objeto bello que debía conservar, a pesar del tiempo, su función primigenia. Una buena manita de pintura plateada, una nueva mecha y un poco de queroseno bastarían para echarlo a andar… si hiciera falta... Y así es. Le llegó el día. O la noche.
Como está tan oscuro (tampoco hay luz en la calle, y aunque la hubiera, estoy en un quinto piso, por lo que llegaría hasta aquí débilmente) tengo que andarme con cuidado para no tropezar. El candil lo tengo guardado, entre trastos viejos y demás antiguallas, en una pequeña despensa que tengo a un lado de la solana. Como me conozco el piso al dedillo, no tendré dificultad en llegar hasta allí.
Ahora arrastro los pies con mucho cuidado hacia mi objetivo, por la galería, mientras acaricio las paredes como si fuera ciego. Ya no es como antes, con seis o siete añitos: entonces el pánico me hubiera inmovilizado. Pero ahora no. Estoy acostumbrado a hacerlo todo por mi cuenta. Así que dos puertas más allá está el sitio. No tengo más que entrar en él y tantear los estantes, porque no recuerdo bien en cuál de ellos está mi candil. En fin, nada complicado. Esto no, aquello tampoco. ¡Aquí está! ¡Viejo candil, llegó tu momento de gloria!
El problema son los fósforos. Ahora recuerdo que están en una gaveta del aparador de mi cuarto, así que … a volver sobre mis pasos, hacia atrás, al último lugar de la casa. Tenía que haberlo pensado antes, porque la dichosa despensita está en el extremo contrario del cuarto y antes me encontraba justo en medio del camino, sí, en medio del camino de mi casa.
Pero qué demonios. Vaya un problema. Me voy para atrás, al fondo. Ojalá hubiera tenido un hilo del que tirar para desandar ese camino, a estas horas de la noche. Pero nada, paciencia. Un poco más. Aquí. Un poco más. Ya. Me apoyo en la cama. Sé que enfrente está el aparador con su espejo. Lo palpo. Aquí está. Pongo el candil sobre él. Abro la gaveta. Tal como recordaba, aquí están los fósforos. Prendo la mecha. Se hace la luz. Una luz que parpadea. Y entonces todo es amarillo, sombra, como en una foto antigua, pequeña luz aterciopelada, tan íntima, tan familiar…
De repente veo mi rostro en el espejo, cándido, casi oro, envuelto en la tierna caricia de una mano grande y robusta.

Una cuenta menos

Aunque lo piensen no soy nada fetichista. O eso creo. Cuando era pequeña, por ejemplo, cada vez que mis amigas me preguntaban por mi color favorito, yo les decía el primero que me venía en gana: rosado, celeste, el amarillo que tan bien me sentaba (y me sienta hoy) al tono de mi piel. En realidad nunca tuve ningún color preferido. O mejor, me gustaban todos. Lo que sí tuve claro desde muy pronto es que el plateado era el color de la bisutería. Con una sola excepción: aquella pulsera de cuentas de colores (tal vez coletero) que todavía conservo, y que llevo conmigo (pensarán que soy fetichista, sí) cada vez que me encuentro nerviosa, o cuando paso por algún mal momento, como ahora. La verdad es que la llevo encima porque creo que si no la llevara tendría mala suerte. Pero procuro ocultarla (para no hurtarle protagonismo a mis adornos de plata) bajo una manga o en mi bolso. Por eso pocas personas habrán podido ver sus cuentas irregulares, rojas, azules, verdes, que me gusta acariciar una y otra vez como si tuviera entre mis manos toda mi vida, dividida en pequeños trocitos.
Hoy estoy especialmente nerviosa. No sé todavía el motivo, pero después de casi dos horas de tener las cuentas entre mis dedos he notado algo extraño, algo de lo que antes nunca me había percatado. O sí. De tanto manosear las cuentas siempre pensé que el collar estaba compuesto por ocho. No es que las haya contado. O tal vez las he contado inconscientemente, después de años. Pero siempre creí que tenía ocho cuentas. Y ahora (no me equivoco) tiene sólo siete. Siete cuentas, ni una más ni una menos. Tal vez siempre había tenido siete, y yo andaba trasteando con el ocho. Pero es difícil. Son muchos años. Puede que una de las cuentas se haya partido y así fue como la perdí. ¿O es que alguien, hábilmente, la habrá sustraído del cordón? Esta posibilidad sí que me inquieta. Eso significa que otra persona (un hombre quizás) tiene en su poder algo mío, como un trocito de mí misma. ¿Y si me conoce? ¿Y si me quiere mal? Tendrá la cuenta (que no es suya) como un amuleto o algo así, y eso no me hace mucha gracia. Podría tenerla entre sus manos ahora mismo, y es como si estuviera con él sin saberlo…
Pero no. Todo son imaginaciones mías.
O eso creo.

miércoles, 30 de julio de 2008

ENIGMA 15. Un crucero de verano

El siguiente anuncio de prensa, de hace poco más de cien años, apareció en una novela de uno de los más grandes novelistas de aventuras de todos los tiempos. Aunque en varias de sus obras este autor mencionó las Islas Canarias, en ésta el archipiélago (junto a Azores y Madeira) aparece como escenario principal. Eso sí, con innumerables tópicos. ¿De qué novela se trata y quién es su autor?

martes, 29 de julio de 2008

ENIGMA 14. ¿Un personaje real?


Así comienza una de las novelas más famosas de la historia, escrita por un Premio Nobel:

Era un viejo que pescaba solo en un bote en el Gulf Stream y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez. En los primeros cuarenta días había tenido consigo a un muchacho. Pero después de cuarenta días sin haber pescado los padres del muchacho le habían dicho que el viejo estaba definitiva y rematadamente salao, lo cual era la peor forma de la mala suerte, y por orden de sus padres el muchacho había salido en otro bote que cogió tres buenos peces la primera semana. Entristecía al muchacho ver al viejo regresar todos los días con su bote vacío, y siempre bajaba a ayudarle a cargar los rollos de sedal o el bichero y el arpón y la vela arrollada al mástil. La vela estaba remendada con sacos de harina y, arrollada, parecía una bandera en permanente derrota.
El viejo era flaco y desgarbado, con arrugas profundas en la parte posterior del cuello. Las pardas manchas del benigno cáncer de la piel que el sol produce con sus reflejos en el mar tropical estaban en sus mejillas. Esas pecas corrían por los lados de su cara hasta bastante abajo y sus manos tenían las hondas cicatrices que causa la manipulación de las cuerdas cuando sujetan los grandes peces. Pero ninguna de estas cicatrices era reciente. Eran tan viejas como las erosiones de un árido desierto.
Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y estos tenían el color mismo del mar y eran alegres e invictos.

Lo curioso es que el autor se inspiró en un amigo real para darle vida al protagonista. Y ese amigo era canario, pues había nacido en Arrecife de Lanzarote el 11 de julio de 1897. Murió con 104 años. ¿De quién se trata?

jueves, 10 de julio de 2008

ENIGMA 13. ¿Fantasía o realidad?


Hace unos días estuve deambulando por la ciudad y me tropecé con una extraña persona que me habló durante horas de fantásticas historias que, al parecer, han dado lugar a realidades contundentes. Según él, conocidos lugares de nuestro mundo han recibido su nombre gracias a la más pura imaginación literaria. ¿Será esto verdad? He aquí algunas de sus afirmaciones:

1. Fernando de Magallanes fue el primero en avistar las costas del sur de lo que hoy es Argentina, en el año 1520. Cuenta el cronista Antonio Pigafetta, que iba a bordo de la expedición, que "cuando menos lo esperábamos, un hombre de figura gigantesca apareció." Se trataba de un indígena de la región, pero a los viajeros les recordó al "gigante patagón", un personaje de la novela de caballerías titulada Primaleón (1512). Desde entonces la región se llamó PATAGONIA.

2. PLUTÓN es un cuerpo celeste descubierto por el astrónomo estadounidense Clyde William Tombaugh (1906-1997) el 18 de febrero de 1930, desde el Observatorio Lowell en Flagstaff, a partir de unos cálculos matemáticos. Al coincidir su descubrimiento con el nacimiento del célebre perro de Walt Disney llamado Pluto, su descubridor le puso el nombre de ese personaje en su honor. Lástima que desde 2006 dicho cuerpo celeste ha dejado de ser un planeta…

3. Hacia 1539 un aventurero llamado Francisco de Ulloa llega por primera vez a una península situada en el extremo oeste de América del Norte, entre lo que hoy es Estados Unidos y México. Por lo complicado de la gesta, por la extrañeza del lugar y por su lejanía, los supervivientes de aquella expedición bautizaron aquella tierra con el nombre de CALIFORNIA, que proviene de la novela de Garci Ordóñez de Montalvo titulada Las sergas de Esplandián, publicada en 1510.

4. Georges Remi fue el creador de Tintín, protagonista de innumerables aventuras literarias en el cómic del mismo nombre. En honor a su autor se bautizó un asteroide del cielo, concretamente el 1953 PA, número 1652 de la serie. Desde entonces, cuando veas ese asteroide en el cielo, recuerda que se llama Hergé, pseudónimo del célebre dibujante belga.

5. En una célebre novela fantástica llamada Amadís de Gaula (1504) había una ogra gigante y muy malvada llamada GUATEMALA. Al parecer había en ese país unas mujeres indias de 2,50 metros que comían niños, y recordaban a las del Amadís, por lo que los primeros colonizadores castellanos dieron ese nombre al lugar.

6. Se dice que el conquistador Francisco de Orellana (1511 - 1546), en su viaje de exploración al corazón de América del Sur, fue atacado por "feroces mujeres" que le recordaron a las amazonas de la mitología griega. Sin embargo, la existencia de una tribu guerrera femenina en tal tiempo no ha podido ser demostrada y es posible que fuesen guerreros amerindios de pelo largo los que impresionaron al conquistador, por lo que denominó aquel lugar con el nombre de AMAZONAS.

7. Se sabe que el escritor Julio Verne predijo en el siglo XIX varios adelantos científico−tecnológicos. Pocos saben, sin embargo, que en sus novelas sobre los viajes a la Luna predijo, con un error de cuatro kilómetros, el lugar donde la nave Apolo VIII, la primera nave tripulada que hizo una órbita lunar en los años 60, hizo su amerizaje de vuelta a la tierra.

8. Existe una isla en el Océano Pacífico, perteneciente a Costa Rica, llamada ISLA DEL COCO, descubierta en el año 1526 por el navegante Juan Cabezas. Se localiza a 532 km de la costa costarricense, en la coordenada 05º31’N87º04’O. En ella se inspiró Robert Louis Stevenson para escribir su célebre La isla del tesoro (1883). Anteriormente la isla se llamó Isla Ben Gunn, en honor a un personaje de aquella novela que habitaba allí.

¿Fantasía o realidad?