Canarias ha sido motivo de inspiración para muchos escritores del mundo. Entre las personalidades que han incorporado estas islas a sus obras, una destaca por ser pionera de novelas de crímenes y suspense. Pasó temporadas en Gran Canaria, isla a la que se sintió muy vinculada. Entre los relatos que dedicó a las islas, entresacamos este fragmento:
Mi historia comienza allí, en el hotel Metropol, un jueves por la noche del mes de enero. Se celebraba un baile y yo contemplaba la escena sentado en una mesa con un amigo mío. Había algunos ingleses y gentes de otras nacionalidades, pero la mayoría de los que bailaban eran españoles. Cuando la orquesta inició los compases de un tango, sólo media docena de parejas de esta nacionalidad permanecieron en la pista. Todos bailaban admirablemente mientras nosotros los contemplábamos. Una mujer en particular despertó vivamente nuestra admiración. Alta, hermosa e insinuante, se movía con la gracia de una pantera. Había algo peligroso en ella. Así se lo dije a mi compañero, que se mostró de acuerdo conmigo. […]
Al día siguiente había planeado ir de excursión con unos amigos. Teníamos que atra
vesar la isla en automóvil, llevándonos la comida hasta un lugar llamado (apenas lo recuerdo, ¡ha pasado tanto tiempo!) Las Nieves, una bahía resguardada donde podíamos bañarnos si ése era nuestro deseo. Seguimos el programa tal como habíamos pensado, si exceptuamos el hecho de que salimos más tarde de lo previsto y nos detuvimos por el camino para comer, por lo que llegamos a Las Nieves a tiempo para bañarnos antes de la hora del té.
Al aproximarnos a la playa, percibimos en seguida una gran conmoción. Todos los habitantes del pequeño pueblecito parecían haberse reunido en la orilla y, en cuanto nos vieron, corrieron hacia el coche y empezaron a explicarnos lo ocurrido con gran excitación. Como nuestro español no era demasiado bueno, me costó bastante entenderlo, pero al fin lo logré.
Dos de esas chaladas inglesas habían ido allí a bañarse y una se alejó demasiado de la orilla y no pudo volver. La otra acudió en su auxilio para intentar traerla a la playa, pero le fallaron las fuerzas y se hubiera ahogado también de no ser porque un hombre salió en un bote y las recogió, aunque la primera estaba más allá de toda ayuda.
Para resolver este enigma no sólo basta con saber el título del relato y el nombre de quién lo escribió. En el fragmento hay pistas suficientes para encontrar el lugar donde nuestro personaje real se hospedó durante el tiempo en que escribió este famoso cuento. Se trata de encontrar un LETRERO que conmemora su presencia en ese lugar, hoy desaparecido (véase la foto adjunta).
Mi historia comienza allí, en el hotel Metropol, un jueves por la noche del mes de enero. Se celebraba un baile y yo contemplaba la escena sentado en una mesa con un amigo mío. Había algunos ingleses y gentes de otras nacionalidades, pero la mayoría de los que bailaban eran españoles. Cuando la orquesta inició los compases de un tango, sólo media docena de parejas de esta nacionalidad permanecieron en la pista. Todos bailaban admirablemente mientras nosotros los contemplábamos. Una mujer en particular despertó vivamente nuestra admiración. Alta, hermosa e insinuante, se movía con la gracia de una pantera. Había algo peligroso en ella. Así se lo dije a mi compañero, que se mostró de acuerdo conmigo. […]
Al día siguiente había planeado ir de excursión con unos amigos. Teníamos que atra

Al aproximarnos a la playa, percibimos en seguida una gran conmoción. Todos los habitantes del pequeño pueblecito parecían haberse reunido en la orilla y, en cuanto nos vieron, corrieron hacia el coche y empezaron a explicarnos lo ocurrido con gran excitación. Como nuestro español no era demasiado bueno, me costó bastante entenderlo, pero al fin lo logré.
Dos de esas chaladas inglesas habían ido allí a bañarse y una se alejó demasiado de la orilla y no pudo volver. La otra acudió en su auxilio para intentar traerla a la playa, pero le fallaron las fuerzas y se hubiera ahogado también de no ser porque un hombre salió en un bote y las recogió, aunque la primera estaba más allá de toda ayuda.
Para resolver este enigma no sólo basta con saber el título del relato y el nombre de quién lo escribió. En el fragmento hay pistas suficientes para encontrar el lugar donde nuestro personaje real se hospedó durante el tiempo en que escribió este famoso cuento. Se trata de encontrar un LETRERO que conmemora su presencia en ese lugar, hoy desaparecido (véase la foto adjunta).
Hay que copiar el texto, que se encuentra grabado sobre doce plaquetas.